INTERVENCIÓN EN TRAUMA

Trauma

¿Qué entiendes por trauma? Seguramente te vendrán a la cabeza imágenes de sucesos terribles (accidentes, ataques violentos, fenómenos naturales devastadores...), donde la vida de quienes los padecen corre un grave peligro y, en caso de sobrevivir, quedan marcados para siempre. Ciertamente, estas experiencias son potencialmente traumáticas.

Hoy sabemos que, afortunadamente, no todas las personas que vivan un suceso traumático van a desarrollar un trauma. No es tanto el hecho vivido (evento en sí) como el no poder hablar de ello, compartirlo, vernos legitimados en ese dolor, acompañados.

La diferencia entre un trauma que se cronifica y uno que se integra suele depender de varios factores personales: capacidad de regulación emocional, la interpretación que se hace del suceso, "fue terrible y logré sobrevivir" vs. "soy débil, el mundo es inseguro, estoy en peligro", determinados rasgos de personalidad, el estilo de apego... y relacionales: apoyo social, comprensión, escucha, validación....

Por supuesto, si con lo anterior no resulta suficiente, si el impacto vivido te está generando secuelas invalidantes o que interfieren con notable magnitud en tu vida diaria, la psicoterapia es una intervención eficaz.

Puedes experimentar recuerdos intrusivos, flashbacks (imágenes que te vienen de repente como si lo estuvieras viviendo en este momento), pesadillas o terrores nocturnos. Puede que, de repente, reacciones de forma desproporcionada a estímulos aparentemente neutros (un sonido, un olor...) pero que tu mente asocia con aquél evento.

También es posible que evites lugares o personas, pensando que así los síntomas mejorarán. Lo siento, esto sólo lo empeora. Puedes sentirse desconectado, de ti mismo o del entorno, como si estuvieras en un sueño o en una película, o te vieras a ti mismo desde fuera. El embotamiento emocional también es frecuente, como si no pudieras sentir nada. O tal vez estás en alerta constante y tienes ataques de ira.

Por mucho que lo intentes controlar es posible que no lo logres, que los síntomas persistan, limitando tu vida cada vez más. Si este es tu caso, te aconsejo consultar con un profesional.

 

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trauma (relacional o complejo)

Sí, trauma, con "t" minúscula. No es un error, hace referencia a otro tipo de traumas, más silenciados, más invisibilizados.

¿Sabes lo que significa la palabra "trauma"? Etimológicamente, viene del griego: "herida". Se trata de una herida emocional y psíquica que también se expresa en el cuerpo (fatiga, dolor, contracturas, enfermedades autoinmunes...). La experiencia traumática sucede no tanto por un evento aislado (como en el caso anterior: Trauma con "T" mayúscula) si no por la repetición y la cronicidad de los sucesos, principalmente en la infancia y adolescencia.

Te lo explico con ejemplos, es mucho más sencillo: ¿de niño te sentiste solo? ¿Tus padres trabajaban y no podían estar contigo todo lo que te hubiera gustado? ¿Uno de tus padres estaba enfermo y creciste antes de tiempo, asumiendo tareas que no eran propias para tu edad? ¿No podías contar a tus padres (u otros adultos significativos) las cosas que te sucedían? Cuándo sentías miedo, ¿había alguien ahí a quien recurrir?  Lo mismo cuando estabas triste o enfadado, ¿te sentías reconfortado y consolado?. Si tenías un problema, ¿te entendían o te decían que eran tonterías? En el cole, ¿se reían de ti, te insultaban? Incluso puede que te pegaran.  ¿Había alguien ahí para ti, para ayudarte? ¿tenías amigos o jugabas solo?

Tendemos a normalizar muchas experiencias de la infancia que no lo son. En parte, lo sabemos pero no lo queremos mirar, nos duele demasiado, así que lo intentamos ignorar.

Si cuando eras pequeñín tus necesidades emocionales no fueron cubiertas, si no fuiste visto (mirado), si no te reconocieron (admiraron), si no te validaron emocionalmente (¿te dijeron que está bien sentir lo que sientes, que no es una tontería, que puedes llorar... y te acompañaron), si no te enseñaron a regular tus emociones, si no te sentiste querida... se generó una herida.

Estas heridas se crean de una forma más insidiosa y continuada en el tiempo a partir de vivencias de naturaleza más sutil y que dejan una huella profunda.

Ahora, de adulto, vives con una serie de cargas, emocionales y físicas. Tu cuerpo expresa lo que tu mente sabe y no quiere saber, lo que calla y no te permites sentir. Te sorprenderás manteniendo relaciones que no te hacen feliz, diciendo que sí a cosas que no quieres hacer, cuidando a los demás más que a ti mismo...

Tal vez vivas disociado de ti mismo, como si nada te afectara. O estés en alerta constante para protegerte. Si tuviste que ayudar a tus padres de niño, adoptando responsabilidades que no te correspondían aún, tal vez hoy te mantienes permanentemente ocupado para sentirte válido. El descanso te genera malestar, no te lo permites.

En la dimensión más mental, tendrás creencias muy limitantes sobre ti misma (no soy importante, no soy suficiente, no soy valiosa o no valgo, no soy querible), sobre los demás (no son confiables) o sobre el mundo (no es un lugar seguro para mi).

Es posible que leas esto y te reconozcas, pero lo más habitual es que no seamos conscientes de estos pensamientos, aunque actuamos desde ellos. De ahí el sufrimiento que experimentamos. En un momento de nuestra vida los dimos por buenos, nos fueron útiles, y los seguimos creyendo a día de hoy. Normalmente de forma inconsciente.

Igual no vas a un plan con compañeros (te dices que no te apetece pero en el fondo tienes miedo a no gustar o a que se rían de ti), no aceptas un determinado trabajo (no te consideras capaz), no te apuntas a una actividad porque te dices que no lo vas a hacer bien, no tienes pareja porque no te va a querer, ya que no eres valioso, no tienes amigos porque no confías...

Este tipo de traumas son mucho más frecuentes que los anteriores y muy muy limitantes. Si te has identificado con algo de lo que he descrito y quieres trabajarlo, te animo a hacerlo. No es un trabajo sencillo ni rápido y, al mismo tiempo, es liberador.

 

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